Se cuenta que el famoso Esquilo falleció cuando una tortuga caída del cielo lo golpeó en la cabeza; esta se había desprendido de las garras de un águila. Si el trágico griego viviese en San Miguel de Tucumán, correría el riesgo de morir aplastado por una de las tantas macetas que muchos tucumanos irresponsablemente colocan en el borde de sus balcones.